Mestiza
diciembre 16, 2009
“(…) entonces el abuelo Leoncio, que llegó acá, él traía eso de la isla, la música, el instinto que tenía él de la música de Chiloé. Porque casi todos en la isla eran acordeonistas, según dicen…. acordeonistas, guitarristas y cantores.”
“Cuando chica cantaba, pero mi abuelita me decía que la música y el canto eran para los hombres, no para las mujeres y que si yo cantaba en el fondo para ellos yo iba a ser una mala mujer”.
“Nos juntábamos todas las semanas y dijimos cómo sería esta idea de ponernos a tocar música para nosotros, para sentirnos bien. Estamos haciendo algo, después si se puede tocar en grupo, mucho mejor. Tuvimos una evolución”.
“Para mí la música tiene dos caras bien claras, (…) una que es un juego de sonidos y los sonidos son vibraciones que se producen en una fuente sonora y los compositores los hacen jugar. Y hay gente que repite el juego, como yo ahora tocando el piano revivo el juego de los sonidos en un instrumento en particular. Y la otra cara de la medalla, es sencillamente el reflejo de nuestra alma; la música está impregnada de humanidad. La música no es solamente juego de sonidos. Es un juego de sonidos que obedecen a nuestros conceptos culturales de lo que es el arte y la música, entonces es alma del hombre sonando”.
“Yo creo que voy a ordenar mejor mi campo pronto, para hacerlo funcionar en materia económica y con eso ya estaría cuadrando la posibilidad de dedicarme un poco a fabricar instrumentos musicales. Porque es una de las cosas que me gustaría trabajar en el asunto musical. Porque ya tengo ordenado aquí el terreno, está la empastada, tengo bosque, tengo árboles frutales, álamos. Todo está ordenado, todo está cercado.”
“Nosotros no somos artistas, pero queremos interpretar las alegrías y las tristezas por medio de una canción. Eso es lo que yo hago. Yo no tengo una voz que bruto que bonita, pero tú te quitas un poco las penas o celebras algo. El mismo hecho de tocar guitarra… yo sé dos o tres posturas, pero con eso toco y canto de todo”
“Un cargo espiritual que con ayuda de los lonkos y de algunas abuelitas, con sus consejos, he aprendido a llevar. Mi trabajo es tocar el Kultrún para que la gente purruque o baile, siempre bajo la orden del ngenpin que es la persona que dirige la ceremonia”
“Tenía 25, 26 años por ahí, me fui becada por tres años y dejé mi acordeón aquí en la casa. Y mi hermana que estaba aquí, mientras yo estaba en el curso en santiago, me envía una carta y me dice que me vendió el acordeón. Y no pude dormir esa noche en Santiago…”
“(…) el finado de mi papá tocaba acordeón y cantaba también. Principalmente tocaba cueca; cuecas, tonadas y tangos también. Canciones pícaras, bien pícaras sus canciones. Incluso él componía, la gente se reía, era según lo que estaba viendo, por ejemplo si había una cosecha de trigo, él estaba cantando y viendo la cosecha de trigo: que estaban cosechando, los pajaritos cantando, una cosa así…”
“Y así partió la idea, sabiendo que esto iba a socializar la música de Mozart con toda la comunidad que va allí”.
¿Quieren escuchar otro poco?
R.